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domingo, 25 de septiembre de 2016

CICLOS O TENDENCIAS EN EL ÁRTICO


Las tendencias se pueden confundir con partes de un ciclo como podría ocurrir en el Ártico
 

     Cuando se habla muchas veces de las tendencias crecientes de alguna variable meteorológica, como por ejemplo la temperatura, se suele despreciar las potenciales características cíclicas de las componentes climáticas. Un buen ejemplo puede ser la tendencia claramente creciente (la más evidente entre todas las zonas del planeta) de las temperaturas árticas durante los últimos 40 años.
 
     Partamos del registro más objetivo, el tomado desde los satélites. Tenemos datos desde el año 1979. No es mucho desde el punto de vista climático, pero ya abarcamos 37 años. Al menos nos podemos hacer una idea. Hay dos instituciones diferentes que las analizan, y el resultado es como se ve en la figura resumen para esa zona. Se puede ver una clara tendencia al alza, sobre todo desde los años noventa del siglo XX.






    Si ampliamos esta visión con datos del centro Hadley hasta 1957, cambia algo el panorama. Se observa esa misma tendencia desde los años setenta, pero el perfil es más bien plano antes de esa década.
Fuente: climate for you http://www.climate4you.com/



 
 
Curiosamente en el Antártico apenas se aprecia alguna tendencia.
 


 
      Extendiendo nuestra búsqueda con datos más lejanos (y mucho más dudosos), hasta 1920, ya se puede ver los que puede ser un ciclo que ha dado lugar a diversos estudios aclaratorios. Como se ve, hay un período de unos 30 en los que la temperatura de la zona ártica ostenta valores parecidos a los de los últimos 20 años. Hay que tener en cuenta que la extensión de hielo está correlacionada claramente con la temperatura, por lo que se puede colegir que sufrirá cambios similares.




    Estos posibles ciclos se pueden ver en los observatorios del entorno ártico. Recurrentemente se suceden años más cálidos en los años veinte, treinta y cuarenta, un período más frío con centro en los años setenta y por fin estas últimas décadas cálidas.


 
 
    Por cierto que es fácil ver diferentes y/o confusas versiones de los datos mundiales. Como ejemplo pongo la gráfica de Akureyri (Islandia) del GISS de NASA, con la gráfica corregida y donde desaparece el ciclo para aparecer tán solo una tendencia creciente de temperatura. Los años más cálidos de mediados del siglo XX desaparecen.
 
 
 
 
 

viernes, 16 de septiembre de 2016

DE COMO LAS INCERTIDUMBRES CLIMÁTICAS REMUEVEN LOS MERCADOS DE FUTUROS

 
Las dudas sobre si se desarrollará o no el fenómeno de La Niña es un buen ejemplo de nuestra ignorancia sobre el comportamiento del sistema climático
 
 
 
   Parece que en el mundo de la Economía se está produciendo un cierto revuelo de intereses nacionales con respecto a la incertidumbre de si el posible desarrollo del fenómeno La Niña afectará al mercado de materias primas.
 
   Las distintas agencias meteorológicas divergen en cuanto a si habrá o no un fenómeno de La Niña en los meses próximos. La agencia norteamericana NOAA apuesta porque no habrá un La Niña importante, Australia permanece vigilante mientras que el Japón ha decidido que La Niña ya está presente. El desacuerdo proviene de las diferentes  formas en que se miden las variables del fenómenos y la manera más o menos arbitraria en señalar sus límites.
   El enfriamiento del Pacífico Central, una vastísima extensión de mar, provoca grandes oscilaciones en los mercados de materias primas. La pregunta del profano evidente es ¿Qué tienen que ver cosas tan diferentes? La explicación es que el distinto comportamiento de la Meteorología y el Clima pueden causar cambios drásticos en la demanda de ciertos bienes y en su suministro. 
   Ejemplos evidentes son la demanda de energía para calefacción del hemisferio norte o el efecto de la meteorología en las producciones agrícolas. Si se es capaz de hacer predicciones estacionales (a meses vista) entonces los mercados pueden adelantarse a las consecuencias de la meteorología prevista, pudiéndose apostar por la bajada o subida de precios  con antelación. Se mueven miles de millones de euros en estas apuestas, por lo que una mejor o peor predicción tiene una repercusión que excede por mucho al coste de la observación y la predicción meteorológicas.
   La influencia de La Niña en los inviernos de Estados Unidos es bien conocida (otra cosa es en Europa donde no hay nada concluyente): suelen ser bastante más fríos de lo normal con lo que la demanda de combustibles para la calefacción se dispara,  al contrario que cuando se produce El Niño.  Se produce una tendencia a la generación de bloqueos anticiclónicos en el Pacífico norte que empujan la masa fría invernal de Canadá en ese país.
   El último invierno frío allí fue el famoso del "vórtice polar", el de 2014, que disparó los precios del gas natural. En Australia el precio del carbón está aumentando por primera vez en seis años, debido en parte a la especulación por el posible La Niña y en parte porque durante el anterior episodio las minas de carbón de Indonesia y Australia se inundaron, afectando a la exportación.
    Durante el pasado año vivimos un episodio fuerte de la fase cálida ENSO (El Niño Southern Oscillation), llamada El Niño. Aunque es un fenómeno que se ha medido desde hace sólo unos sesenta años, parece que a los episodios importantes de El Niño suelen sucederle episodios importantes de la fase fría de La Niña, generando inviernos fríos en los Estados Unidos. Por supuesto entre ambas hay una fase neutra poco significativa que es la más usual.
 

 

 


 

   Como se ve en la figura animada de la NOAA, el afloramiento de agua más fría de lo normal amaga pero no acaba de asentarse, siendo difícil la interpretación y la predicción para los próximos meses. Los expertos difieren, al contrario de lo que ocurrió previamente a El Niño fuerte anterior.
 
   Es fácil detectar lo precario que es nuestro conocimiento del comportamiento del Sistema Climático especialmente en este caso. Esta dificultad proviene de la enorme cantidad de variables que se deben manejar y de las sutiles relaciones entre las mismas. Por ejemplo, la temperatura del océano afecta a las corrientes atmosféricas, y estas a su veces actúan sobre las variables oceánicas.
   Los modelos muestran una gran variedad de resultados, incluyendo su no desarrollo en absoluto, ni siquiera en su fase débil. No obstante, su ocurrencia no se descarta en cualquier caso.

   Los servicios meteorológicos de USA, Japón y Australia tienen distintos procedimientos para evaluar ENSO. Por ejemplo los Estados Unidos lo definen para anomalías superiores o inferiores a 0,5ºC, como se ve en la tabla de seguimiento trimestral de abajo, mientras que Australia usa 0,8.

   Por todo esto, la agencia meteorológica japonesa declaró la pasada semana que un La Niña estaba en curso, mientras que a la vez el centro de predicción climática de los Estados Unidos afirmaba que ese fenómeno era improbable. La oficina de meteorología australiana por otra parte mantenía la vigilancia porque se pensaba que podría desarrollarse.
   Estas diferencias interpretaciones son un buen ejemplo de las dificultades de las predicciones climáticas estacionales y lo mucho que queda por aprender del comportamiento del Sistema Climático

 FUENTES

miércoles, 31 de agosto de 2016

LA REALIDAD ES QUE EL MAR NO AVANZA, RETROCEDE

La observación objetiva de los satélites contradice las conclusiones del IPCC respecto a la discutible elevación del nivel del mar






















     Un trabajo, llevado a cabo en el "Deltares Research Institute" en Holanda, ha sido publicado en la revista "Nature Climate Change". Los investigadores analizaron imágenes de satélite registrado por los satélites Landsat de la Nasa, que llevan ya décadas de servicio, con una resolución de 30 metros.
 
     Se han utilizado imágenes de satélite para estudiar como el agua en la superficie de la Tierra ha cambiado en 30 años. Sorprendentemente han encontrado que 115.000 kilómetros cuadrados de tierra está cubierta ahora por el agua pero otros 173.000 de agua está cubierto de tierra. Es decir el planeta ha ganado 58.000 kilómetros cuadrados, el equivalente a dos veces el reino de Bélgica por ejemplo.

     El mayor incremento en superficie de agua está en la meseta Tibetana, mientras que el mar de Aral ha sufrido el proceso contrario, seguramente gracias a las inteligentes políticas económicas de la antigua Unión Soviética. Las costas también han cambiado significativamente.
El Mar de Aral o lo que queda del mismo tras las sangrías de sus tributarios
      Hay curiosidades como los nuevos lagos de la meseta tibetana atribuidos a deshielos de glaciares. Y otros a pantanos construidos en zonas con poca información de retorno como Corea del Norte.
 
     Pero la mayor sorpresa ha venido de las zonas costeras donde también hay más superficie cubierta por la tierra, 33.700 kilómetros cuadrados, que la inundada 20.100, es decir una ganancia neta de 13.600 kilómetros cuadrados de terrenos ganados al mar, nada que ver con el alarmismo climático.
 
    El Dr Baart, uno de los investigadores afirma textualmente: "Esperábamos que la línea de costa empezaría a retirarse debido al ascenso del nivel del mar, pero lo sorprendente es que las costas están avanzando en todo el mundo" (...coasts are growing all over the world).
 
   Hay constancia de cambios costeros debidos a la acción humana como en Dubai o en China, desde el Mar Amarillo hasta Honk Kong. En algunas áreas como en el Amazonas los cambios de tierra y agua y viceversa, debidos a la natural evolución del sistema fluvial, se compensan. 
 
 


Las costas de Dubai con las construcciones sobre el mar
   En lo que respecta a España es interesante analizar en lo que quedó uno de los mitos catastrófistas del ecologismo español y de la polémica hidrológica: la irreversible pérdida de nada menos que 1 metro de costa al año en el delta del Ebro por la pérdida de los sedimentos retenidos río arriba por los pantanos del franquismo. Contemplado con la perspectiva de los 30 años, parece que no sólo la propia existencia del delta no está amenazada si no que incluso el perímetro con ganancias supera ampliamente el de pérdidas. Nada que ver con el bombardeo mediático/ecologista. 





FUENTES
http://aqua-monitor.appspot.com/
http://www.bbc.com/news/science-environment-37187100


sábado, 27 de agosto de 2016

CAMBIO CLIMÁTICO Y DESINFORMACIÓN


La desinformación sobre presuntos resultados alarmantes de los estudios de cambio climático es una constante


      Una noticia difundida estos días sobre un  estudio científico a propósito del hielo antártico puede ser una muestra paradigmática de deformación de la realidad con el fin de realzar el alarmismo sobre el clima, un tanto de capa caída ultimamente. Se repitió machaconamente en los canales de rtve y se presentó como un deshielo generalizado de la superficie antártica (ni 10 ni 100, 8000 lagos).
 


     La noticia se basa en un trabajo publicado en la revista "Geophysical Research Letters" sobre un fenómeno que se sabe natural: el hecho de que durante breves momentos del verano, en los glaciares más cercanos al mar antártico, a unos 18 kilómetros como mucho, se producen algunos pequeños estanques de agua por deshielo en un glaciar de la Antártida oriental.

     Literalmente la noticia de la web de Rtve hace chocar los tiempos verbales, no seguramente por ignorancia si no por contradicción conceptual in terminis: "La predicción de los investigadores que han llevado a cabo este estudio es que, a medida que el clima se calienta (presente), estos lagos superficiales de la Antártida oriental tendrán (futuro) influencia en la capa de hielo, como se ha observado en Groenlandia durante las últimas tres décadas".
 
     Lo que quieren decir los investigadores es que si se produjera un auténtico deshielo de la Antártida el proceso se amplificaría por medio de esos laguitos. En realidad no es un gran descubrimiento pero se beneficia de estar en el orden de cosas de lo políticamente correcto: una filfa.
 
    Para entender la naturaleza del asunto hay que entender que la Antártida es un continente de 14 millones de kilómetros cuadrados (28 veces España) casi totalmente cubierta por un espeso manto de hielo. La media de espesor de ese manto de de 2500 metros, alcanzando en algún punto casi 5000 metros: una gigantesca nevera. Obsérvemos además las temperaturas medias de verano e invierno. Incluso en pleno verano del hemisferio sur (Diciembre, enero y febrero) las temperaturas en casi todo ese continente están bien por debajo de cero.


FUENTE: WIKIPEDIA

    Es decir, incluso en el caso de una  subida catastrófica como la predicha por el IPCC, 3ºC, la "nevera" continuaría siéndolo. De hecho la antigüedad del casquete polar es de 33 millones de años, muy anterior a la era de las glaciaciones modernas del último millón y medio de años, y se formó en una época en la que la temperatura del planeta era muy superior a la actual.
 
    En cuanto a los datos más recientes podemos ver lo que  nos dice la medida de temperatura desde satélite con las emisiones de microondas del aire cercano a la superficie, valores disponibles desde 1979: más bien muestran un cierto descenso.
 
 

 
    Como dato interesante y contradictorio con lo que ocurre en el hemisferio norte, el aumento de la extensión de mar helado en torno a ese continente:
 

     Aunque en auténtica perspectiva, con el contador a cero, vemos que, como ocurre con otros datos maliciosamente presentados, la cosa no es para tanto:
 
 

 
     En cuanto a los datos de estaciones de tierra, aunque son de una integración y valor dudoso, la NOAA en su archivo (desde 1948) presenta la siguiente paradoja: en su verano la zona entre 70 y 90ºS se ha producido una disminución de la temperatura, poco coherente con un deshielo:
 
    Imagen contraria es la de los invierno que muestran una tendencia al alza: obsérvense los valores cercanos a los -30ºC:
 
 
 
 
En conclusión: no hay ninguna razón para alarmarse de un posible deshielo de la Antártida y si de la manipulación de la información con ánimo de confundir.
 
 

lunes, 22 de agosto de 2016

¿ES CATASTRÓFICA LA MODERNA DISMINUCIÓN DEL HIELO ÁRTICO?


 La disminución de extensión de la banquisa ártica desde 1850 puede explicarse por razones naturales


     Nuestros conocimientos sobre el clima ártico son escasos dado que los registros sobre las variables de esa zona del planeta son cortas, incluso más cortas que la de otros lugares. Además y por ello es difícil conocer cuanta significación tienen esos datos en un contexto global. Por eso se utilizan registros de variables paleoclimáticas o datos históricos que nos pueden dar una información sobre unos cuantos cientos de años, aunque no sean de primera mano.

     Por otro lado la versión del IPCC sobre la evolución de la extensión de mar helado, ya sea visto a lo largo del año o estacionalmente, es que hasta la llegada de la era industrial su superficie se mantenía prácticamente constante. Con la contaminación principalmente de anhídrido carbónico y sólo a consecuencia de la misma, se produciría un drástico descenso a partir de los años setenta. Nada que ver aparantemente con una posible contribución de la variabilidad natural.
 
    El reflejo  de esa circunstancia se hace visible con figura reflejada en la página 326 del 5º informe, con los colores indicando las distintas versiones utilizadas.



 
     Pero otros trabajos como "Historical variability of sea ice edge position in the Nordic Seas" de Dmitry V. Divine y Chad Dick (2006) o "Climate oscillations as recorded in Svalbard ice core O18 records between ad 1200 and 1997" de E Isaksson et al.(2005) utilizan datos históricos o paleoclimáticos para conocer la evolución del hielo en las cercanías de Groenlandia y las islas Svalbard, precisamente los lugares donde se registra la mayor variabilidad en cuanto a la extensión del hielo. También T. Vinje (1999 y 2001) ha rastreado con los registros históricos de navegaciones de barcos los avances y retrocesos del hielo hasta el año 1600.
 
    De la variabilidad histórica del hielo desde 1850 es muy  gráfica la siguiente imagen del primero de los trabajos citados:








 

      En cuanto a la extensión del hielo y su evolución en esos mares queda muy clara la gran variablidad y la disminución constante de su extensión desde mediados del siglo XIX:




 

 
     También con gran presencia de variabilidad en la extensión de hielo y temperatura desde hace siglo, en el regisgtro de Vinje (arriba) se observa la mayor y creciente extensión de hielo en la llamada "Pequeña edad de hielo", hasta 1850, y el posterior descenso desde entonces, mucho antes de las famosas emisiones de invernadero.
 
 
   
 

      También de Poljakov et al. (2003) se observa la variabilidad durante el siglo XX con ciclos de aumento y disminución de la banquisa ártica:
 
 
 
 

 

     En conclusión, autores como Polyakov y Johnson han sugerido la influencia de la llamada Oscilación Ártica actuando en conjunción con una oscilación de baja frecuencia en escalas de tiempo de 60 a 80 años para explicar la variabilidad en las cercanías del Polo norte.

    Los resultados de Vinje (2001) suponen la demostración de una retirada persistente y continua desde la segunda mitad del siglo XIX. Esta tendencia está superimpuesta a las propias oscilaciones multidecadales. Los análisis sugieren la presencia de una variabilidad de 60 a 80 años. Dado que el último período frío observado en el Ártico fue al final de los años 60 del pasado siglo, el actual mínimo estará asociado al apogeo contrario del ciclo. Una similar disminución de hielo se dio en los años 20 y 40, cuando la influencia antropogénica era despreciable. Pero de esto el IPCC no parece darse por enterado. 
 
    Además habría que buscar una explicación para la contraria evolución del hielo del hemisferio sur que contradice la teoría:






 

viernes, 29 de julio de 2016

LOS AUGURIOS SOBRE LA BANQUISA ÁRTICA ESTÁN LEJOS DE CUMPLIRSE

La banquisa del ártico decepciona con valores similares al de años anteriores


     El cambio de instrumento de observación DMSP-F17 SSMIS por la versión DMSP-F18 permitió, tras un parón de unos meses, reanudaron la medición por satélite de la banquisa de hielo por parte de la NOAA a partir de abril. Será casualidad que ese cambio ha coincidido con un mínimo invernal que preludiaba para este verano un nuevo mínimo absoluto de hielo. 
 
    No obstante, ya he comentado en el anterior artículo las discrepancias entre las observaciones puramente de satélite y las realizadas además con mediciones in situ, como hace en Canadá el Canadian Ice Servic. En cualquier caso se observa una corrección paulatina hacia valores más normales. También hay que tener en cuenta que las medidas de la banquisa más o menos objetivas y continuas existen desde 1979.



    En comparación con años anteriores, aunque hay que tener en cuenta que con unos sensores diferentes, los valores de extensión de hielo se mantienen en valores parecidos a años anteriores:


                                          FUENTE: http://www.iup.uni-bremen.de:8084/amsr2/

    En cuanto al espesor del hielo también se mueve en valores parecidos, con su parte más sustancial muy alejado de las profecías de hace unos años sobre una inminente total desaparición de la banquisa:

FUENTE: http://ocean.dmi.dk/arctic/icecover.uk.php

    Como curiosidad destacar la presencia todavía en el Mar de Laptev de una importante cantidad de hielo en mitad de la llamada "ruta del noreste".
 


    Debido sobre todo a unas temperaturas de julio bastante bajas en esa zona cerca a Siberia, lo contrario que en los mares de Barents y Kara.

    Por otra parte en la "cúpula" polar, entre los 80º y los 90ºN, las temperaturas se han mantenido como años anteriores ligeramente por debajo de lo normal, siempre rozando los 0 o +1ºC.




    En cuanto al casquete de Groenlandia, sobre el que de vez en cuando se habla en términos alarmantes, tras un invierno-primavera con importantes acumulaciones de hielo por encima de lo normal, asistimos a la habitual pérdida veraniega del hielo acumulado, algo mayor de lo normal durante el mes de julio, pero nada catastrófico:







En cuanto a la superficie afectada por el deshielo también en valores normales de los últimos 25 años. 

 
 
    En conclusión parece que este año, en lo que respecta al hielo ártico, no va a haber grandes novedades que hagan juego con el supuestamente desbocado calentamiento brutal del clima que vivimos estos últimos dos años.
 
 

viernes, 15 de julio de 2016

MISTERIOSA DESAPARICIÓN DE HIELO EN EL ÁRTICO

Sospechosas discrepancias de la extensión medida de la banquisa de hielo en el Ártico


     No se si tal vez como resultado de los ajustes de los sensosres de satélite, o por las mismas razones que el año pasado, o por otras razones que se me escapan, vuelve a haber importantes discrepancias en una variable tan usada como ejemplo del supuestamente catastróficamente cambio climático: la extensión de banquisa o océano helado en las zonas árticas.
 
    La disparidad se produce entre los datos del NSIDC (National Snow and Ice Data Center) norteamericano, realizados por satélite, y los del Canadian Ice Service que utiliza también datos de primera mano de sus costas con informes de barcos y aviones, y que tiene un uso operativo para la navegación por lo que son muy precisos y descriptivos.  
 
   Empecemos con los primeros. Como se ve en el mapa del 13 de julio, la banquisa aparentemente ha casi desaparecido de la zona de la Bahía de Hudson (recuadrado en rojo). Fijémonos en las zonas aledañas aunque allí las distribuciones de hielo están más ajustadas. Se miden áreas marinas con más de un 15% de extensión cubierta de hielo.
http://nsidc.org/data/seaice_index/

Una vista más cercana nos aclara la situación:
 
 
 
    El Canadian Ice Service nos da una visión más detallada y se aprecian importantes diferencias de extensión de hielo allí donde hay más de un 10%, distinguiendo por colores el resto. A simple vista se observa al menos un tercio de la Bahía de Hudson cubierto por más de un 30% de hielo. Corresponde al 14 de julio.

 
He recuadrado el área con más del 30% de hielo:

 
 
Y ahora la comparación:
 
 



     El proceso que utiliza el NSIDC para crear las imágenes de extensión y concentración de hielo se realiza a traves de los productos de observación de microondas con satélites: NRTSI (Near-Real-Time DMSP SSM/I-SSMIS Daily Polar Gridded Sea Ice Concentrations) y del Sea Ice Concentrations from Nimbus-7 SMMR and DMSP SSM/I-SSMIS Passive Microwave Data.

     La concentración de menos del 15% se mapea como agua, no como hielo y la supuesta precisión con la que se hace todo esto es del 5% en invierno y del 15% en verano. En la letra pequeña se advierte que puede haber importantes diferencias con otros mapas operativos. La imagen muestra el resultado de la medida para cada célula de aproximadamente 25 kilómetros cuadrados.

     En las, como es habitual, prolijas explicaciones de como se elaboran el producto hay, digamos, una clausula de precaución. Se refiere al efecto de que aparezca como baja concentración de hielo marino a cambios en la atmosfera o en la naturaleza de la superficie.

    Otra claúsula advierte en que se debe evitar utilizar el perfil de hielo mostrado para propósitos operacionales. Es evidente después de lo aquí descrito que puede conllevar alguna sorpresa para el tráfico marítimo:

Caution: The location of the ice edge is not accurate enough for operational purposes

     No obstante sorprende bastante que en un producto cuya evolución tiene tanta importancia para evaluar las evoluciones del Sistema Climático, haya una infraestimación tan importante. Y además levanta sospechas sobre la autenticidad de la evolución precisa de todas las variables climáticas. El satélite TERRA de la NASA nos muestra la clara presencia del hielo.